Antonio Menéndez Peláez, el Aguilucho de Santolaya (1898-1937)

El 12 de enero de 1936 comenzaba la hazaña del piloto Antonio Menéndez Peláez, el Aguilucho de Santolaya (1898-1937). Tras haber dejado su aldea natal asturiana para reunirse con su padre en Cuba, desde la isla saltaría hasta Chicago para hacerse piloto. Mientras estudiaba en Greer College, el joven Antonio recibiría apoyo de un bodeguero español, dueño del barco-lechero conocido en Cuba como “Las Brisas del Prado”. Con dinero podría financiarse los estudios de aviación comercial en Illinois. Desde Chicago, en 1929 volvió a Cuba con el título de piloto, un viejo avión WACO tuneado y un sueño: volar. El sueño crecería con el paso de los años, con las horas de vuelo acumuladas: cruzar el Atlántico a los mandos de un avión monomotor sería todo un reto. Lo lograría en aquel turbulento año de 1936. Desde Camagüey hasta Sevilla, el vuelo solitario de Antonio Menéndez Peláez no significó solamente un mérito para la historia de la aviación. Aquel vuelo se convertiría también en la personificación del triunfo, del éxito y la superación de un emigrante.