Ramón Castroviejo, “La Voz”

A finales de mayo de 1938, el eminente oftalmólogo Ramón Castroviejo que llevaba años viviendo en Nueva York, dirigió la siguiente carta al Sr. Barbazán, del periódico Leal titulado “La Voz.”

Muy señor mío:

En el día de ayer, con motivo de la reunión que la National Spanish Relief Association Inc., tuvo en el edificio del Park Central Hotel para sacar fondos destinados a obras de caridad y auxilio social en la España Nacionalista, me dirigí al mencionado hotel en compañía de dos señoritas.

Al descender del automóvil, me encontré con una turba que empezó a dirigirnos los insultos más soeces, sin previa provocación. De los insultos pasaron a los hechos, y unas cuantas mujeres en vangardia, detrás de las cuales vociferaban algunos individuos de mala calaña, uno de los cuales amenazaba con una navaja, empezaron a escupirme. Al querer proteger a las señoritas que me acompañaban de la saliva asquerosa de aquellas pagadas para armar alboroto y tratar de conseguir su propósito de estropear nuestra reunion, que sin hacer daño a nadie se trataba de celebrar, un valiente me atacó, golpeándome por la espalda. Naturalmente, que no me dio tiempo de identificar este valiente, pues cuando volví la cara ya había desaparecido.

Durante toda mi vida, y siguiendo un espíritu verdaderamente democrático, del que ustedes tanto alardean, pero sin practicarlo, he dejado al vecino que tuviera las opiniones que quisiera sin mezclarme en sus asuntos, y he eperado del vecino que actuase en la misma forma, dejándome en libertad de que pensase como mejor me pareciese.

No culpo a las personas pagadas y envenenadas por ustedes del ataque cobarde de que se me hizo objeto ayer, sino a los directivos, que en vez de estar en las barricadas, como metafóricamente pudiera decirse, envenenan los cerebros de los pobres desgraciados que los escuchan, desde sus periódicos, infiltrándoles odio e ideas destructivas.

A pesar de que podia haber llevado el caso a los tribunales, y tenía los suficientes testigos españoles y americanos para haber metido en la cárcel inmediatamente al individuo que amenazaba con una navaja, no pienso llevar las cosas por el camino judicial, para darles menos importancia a los salvajes que me atacaron de un modo tan poco civiliado y cobardemente.

Estoy seguro de que la fortuna me deparará ocasión de liquidar este asunto personalmente con usted, a quien hago responsable del acto barbárico e incivilizado del que ayer fui pagado.

Publicado en “Frente Popular”
27 de mayo de 1938