EL DOCTOR CANTALA EN NY

ABC, 4 de junio de 1925, edición de la mañana, p. 24
ABC en Nueva York: El Secreto del Doctor Cantala

En la inmensa cosmópolis, crisol de la nueva humanidad que ha de repartirse el mundo en breve lapso, empieza a conocerse, aunque sabien de él ya mucho, muy poco en realidad se sabe todavía. Se fantasea también no poco en derredor de su vida y milagros ¡que algunos hizo! y algo hay de todo ello que nadie duda, ni dudo un instante, y que inconfundiblemente le caracteriza: su españolismo. Es, en efecto, un hidalgo español de los de más rancia estirpe, y hasta pudiera creerse que es un reencarnación palpitante de alguno de aquellos intrépidos hispanos del siglo XVI…

Pero nadie sabe más a ciencia cierta. Uno nos dice que fue compañero suyo en la Marina de la guerra de Chile, otro asegura haberle visto de coronel revolucionario en Méjico, alguien afirma que se le encontró como soldado en la Legión extranjera durante la última guerra mundial, y no falta quien le recuerde como médico en París… Se le vió en todas partes, pues ha recorrido medio mundo, y en el ejercicio de muy distintas profesiones. Fue aviador y fue minero, y actor y periodista y músico. ¿No quedamos en que nació en España? Pues bien pudo serlo todo. El español es el único hombre que sirve para todo. ¿A qué maravillarnos, por lo tanto?

Es de Valladolid. Estudió la carrera de medicina en Valladolid. Se enamoró por vez primera en Valladolid…, ¡y sigue soñando con su Valladolid! ¿su nombre? Julio Cantalapiedra. Pero los norteamericanos, a quienes les pareció excesivamente largo ese apellido, le bautizaron de nuevo, y todos le llaman aquí, sencillamente, el doctor Cantala. Es medico del departamento de Sanidad de la ciudad de Nueva York; está al frente de una de las más importantes secciones del Riverside Hospital, y aún sabe encontrar tiempo para prestar oficialmente sus servicios facultativos al Consulado general de España.

Todo esto, sin embargo, todavía es poco para él, soñador siempre. La ciudad de Nueva York ¡la más a propósito para cultivar y aun exaltar su nativo espíritu aventurero! le encomendó uns estudios sobre morfinomanía, y le puso a su cuidado una colonia de morfinómanos… Y el doctor Cantala no tardó en ser proclamado especialista en la curación de los adictos a las letales y endemoniadas drogas.

Los que decían conocer a Cantala sonrieron irónicos ante el nuevo cargo de este medico poeta, pensando que su curiosidad, multiforme e insaciable, le llevaría a caer en las redes brujas de sus propios enfermos. ¡No cayó! Soñó con los soñadores, y tuvo la valentía insólita de volver voluntariamente de sus sueños.

Escribió entonces un bello libro: “El ídolo. Un bello libro porque tiene la doble belleza de los magos sueños, y de cómo se curan. El doctor Simmons, comisario de Narcóticos de los Estados Unidos, dice en el prólogo de esta obra que es una de las mejores que se han escrito sobre las drogas, sus efectos, y su curación… ¿y os imagináis –-lectores—el éxito del doctor Cantala? Solamente en la ciudad de Nueva York se cuentan hoy más de 250,000 morfinómanos. Y no hay uno que no diera cuanto tuviese por el recobro de la libre voluntad de curarse.

La voluntad, el deseo de curación, la fé en la curación, es más que su método, lo que ha sabido inculcar Cantala a los enfermos que él atiende. Y he ahí el secreto que como un tesoro se oculte en el espíritu del doctor Cantala; de este alegre doctor que fue soldado y marino, y novelista, y músico: la voluntad; la voluntad de deshacer todo obstáculo que se encontrara en el camino, la voluntad de seguir siempre adelante, la voluntad de vencer. Vencer siempre. Y vencer con el orgullo de sentirse cada día más español… –Miguel de Zárraga, Nueva York, Mayo, 1925.