Dempsey, el marido de Estelle Taylor, por Aurelio Pego. Extraído de “Como ovejas descarriadas” (1933)

Al penetrar en la habitación del hotel, una súbita emoción nos llenó los ojos de lágrimas. Pocas veces recordamos haber presenciado un cuadro familiar tan enternecedor. Estelle Taylor, con un paño impregnado en ácido bórico, limpiaba cuidadosamente el rostro de su marido, Jack Dempsey, que ofrecía, sin haberse afeitado, un aspecto selvático.
Estrechamos las manos hercúleas del excampeón e inmediatamente del formidable pugilista surgió un quejido parecido al de un perro al que se le pisa la cola.
-No apriete tanto-exclamó-. Tengo las manos tan doloridas que no puedo siquiera acariciar la hermosa cabeza de Estelle.
-¿Resultado de la última pelea?-inquirimos.
-No-contesta el boxeador con franca sonrisa- es que tuve la ocurrencia de que me pagaran en billetes el producto de mi última pelea y me he pasado la noche contando uno a uno los billetes, que por cierto eran de dos y de cinco dólares únicamente. Me ha dejado las manos muertas.