Sabicas en los Catskills…

El padre de Carlos Bedoya era gaditano, de La Línea; su madre, boricua. Carlos recuerda que de niño iba a pie desde la casita de campo que tenían sus padres cerca de Newburgh, New York, hasta El Cortijo, un hotel rural, de ambiente andaluz, regentado por la familia Pliego, también de Cádiz. Desde niño Carlos sabía que quería ser músico, y le encantaba el paisaje sonoro de aquel sitio. Fue en El Cortijo que el musíco en ciernes hispano-puertorriqueño conoció al gran gitano de Pamplona, Sabicas, al que le gustaba descansar en el hotel de sus amigos los Pliego.

Cuenta Carlos Bedoya: “Era una persona muy buena. Me acompañó en una ocasión cuando canté una canción que se llama ‘Ni se compra ni se vende’. Yo estaba en segundo grado. Mi madre me dijo que yo me quedaba embelesado viéndolo practicar. Yo recuerdo con claridad solamente la primera vez que tocó una farruca que compuso –“Punta y tacon.” Yo luego aprendí a tocarla después de adulto. Aun la toco porque musicalmente dice mucho de la persona que era. Aprendí con él cómo el arte puede contrastar y balancear la fuerza y la dulzura.

Sabicas, uno de los mejores guitarristas del mundo y de todo los tiempos, me hizo llegar una nota humildemente ofreciéndome clases de guitarra. A un niño. No sé qué pasó con la nota pero recuerdo con perfecta claridad el abrir ese papelito y su letra. Esas clases nunca se dieron pero aun así, de muchas maneras, fue para mi un gran maestro.”

Haga clic aquí para escuchar “Punta y Tacón” tocado por Sabicas.

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